En el
artículo “Los niños ante la publicidad televisiva”, Stella Martínez Rodrigo,
nos comenta la gran influencia que tiene la publicidad televisiva en los niños.
Desde el momento en que se adquirió en los hogares los primeros televisores, el
consumo de ésta ha ido en aumento. Sobre todo, los niños eran los que dedicaban
gran parte de su tiempo libre a ver la televisión, por lo que surgió una gran
preocupación social sobre la influencia que podía tener la televisión en los
niños. Poco después, se comenzó a estudiar al niño como consumidor de productos
y mensajes publicitarios.
A lo largo
del tiempo, no ha hecho más que acrecentar el interés de los niños por la
televisión, así como también la publicidad enfocada al destinatario infantil.
Los publicistas han centrado su objetivo en el niño, ya que se trata del
público más indefenso y más fácil de moldear ante la inducción publicitaria.
Además,
los niños sienten la necesidad de tener el último producto que está de moda,
pues ya la sociedad y sobre todo, los medios de comunicación, se encargan de
transmitir a los telespectadores la importancia de tener lo más novedoso que
hay en el mercado para ser un triunfador. Por ello, para reforzar la publicidad
sobre un juguete y que cause un mayor impacto en el público infantil, emiten
series televisivas o incluso películas relacionadas con el producto que quieren
vender. Ejemplo de ello, lo podemos observar en la muñeca Barbie, la cual
aparece en multitud de películas y que ejerce un gran poder de atracción sobre
las niñas, induciéndolas a la compra de este producto.
La autora
nos habla de tres aspectos relevantes que hacen referencia a la influencia de
la publicidad televisa en el público infantil. En primer lugar, cómo afecta la
publicidad en los valores y aspiraciones de los niños, ya que el fin que tienen
éstos es el de ganar dinero y tener muchos bienes materiales. En segundo lugar,
la enseñanza de valores impropios para los niños y que tienen que ver con la edad
adulta, arrebatándoles así, la ingenuidad que les caracteriza a estas edades. Y
por último, la semejanza de los gustos infantiles a nivel mundial debido a lo
sencillo que resulta persuadir al destinatario infantil.
En
conclusión, opino que los padres como principales educadores deben controlar el
tiempo que sus hijos dedican a ver la televisión, así como deben corregir
cualquier tipo de publicidad engañosa mediante comentarios puntuales, que
ayuden al niño a distinguir la visión idealizada que transmite la publicidad
con la realidad de los productos anunciados. Asimismo, los docentes también
tenemos la labor de enseñar a los niños cuál es el objetivo que tienen los
anuncios publicitarios, que no es otro que el de llamar la atención del
público, haciéndole atractivo un producto para conseguir finalmente que el
usuario lo adquiera. Es muy importante, que los niños aprendan a vivir con los
medios de comunicación y que participen analizando y realizando críticas
constructivas sobre los productos anunciados. La publicidad televisiva no es
perjudicial cuando hacemos uso de nuestra razón y reflexionamos sobre los puntos
fuertes y débiles que puede tener un producto, es decir, cuando somos críticos.
Esto es lo que debemos inculcar a nuestros alumnos, a ser mentes pensantes
capaces de distinguir lo idílico de lo real.
No hay comentarios:
Publicar un comentario